Creo en la duda. Creo en las frases que empiezan por “creo” porque saber, lo que es saber, nadie sabe nada y yo la que menos. Pero al menos sé que si entendemos que las emociones no somos nosotros, sino que se trata de estados transitorios de nuestra mente para adaptarnos a la vida, dejaremos de sentirnos sobrepasados por ellas. Las emociones son una brújula, cierto, pero nosotros podemos decidir el camino.

Creo que si te quieren y tienes una buena librería eres indestructible. Creo que a menudo estresamos las cosas sensatas y las llevamos al absurdo y que existen antídotos naturales a las emociones que son destructivas para nuestro bienestar interno. Si lo piensas, la vida es una continua gestión de problemas. Uno tras otro, los problemas nunca desaparecen, pero las soluciones tampoco. En mi opinión, encontrar y mantener el bienestar es una cuestión de enfoque, hay como dos maneras de acceder a él: una es la vida hedónica, disfrutar de un placer inmediato; la otra es la vida eudaimónica que reside en la satisfacción a largo plazo que se genera como consecuencia de los logros obtenidos, frutos que surgen del esfuerzo, el trabajo y la buena gestión.

También creo que el ser humano bascula eternamente entre la tensión y el aburrimiento, entre el malestar y el bienestar… y que utilizar nuestras propias fortalezas, meditar, hacer yoga, leer, comer bien, dormir lo suficiente y practicar un ligero «desapego» nos pueden mantener emocionalmente estables. El desapego es aprender a amar con mayúsculas, es dar cariño, ser amable con los demás, pero sabiendo que las personas entran y salen de nuestra vida y no podemos hacer nada por retenerlas; que todo en la vida son ciclos y etapas y lo que está mal ahora estará bien dentro de un rato.

Con todo, haz tu viaje en la vida con el corazón abierto y la mente consciente. Investiga. Pregunta. Duda. Profundiza en quien eres. Falla, vuelve a fallar y falla mejor.  Esa fuerza de querer abrir las alas es la que te va a llevar adelante. Sigue tus sueños, ellos saben el camino.

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