Caminar sin llegar, esta es la técnica. Puedes hacer esta práctica en casa o en un exterior tranquilo. Escoge para ella un trayecto corto de unos 8 o 10 metros. Sitúate de pie y toma contacto con tu postura corporal, con el apoyo de tus pies en el suelo y con tu respiración. Tómate el tiempo que necesites para esto antes de continuar.

Cuando consideres que estás lista/o, puedes comenzar a caminar, esta vez de una forma diferente a como estás acostumbrada/o. Se trata de caminar tan despacio como seas capaz, sin perder el equilibrio. Que los pasos también sean cortos, apenas del tamaño de tu pie si puedes hacerlo sin que resulte incómodo. Caminar tan despacio favorece la concentración y la calma interior.

Levanta lentamente un pie, reparando en las sensaciones de ese acto al despegarlo del suelo… Presta atención a las sensaciones de la planta, pantorrilla, rodilla y pierna completa… Poco a poco muévelo en el espacio hacia adelante, en un paso muy pequeño, y de nuevo presta atención a tus sensaciones… Pósalo despacio en el suelo, cuidando de hacerlo desde el talón a los dedos… Sigue observando… continúa con el otro pie de la misma manera…

Procura que el movimiento no se detenga, que sea fluido entre paso y paso. Camina así hasta completar el tramo que te hayas marcado. Si te apetece, al llegar al final, puedes efectuar una breve parada y hacer el trayecto de vuelta de la misma manera. Cada paso que demos reforzará nuestra calma dando lugar a una tranquila corriente de energía que fluirá a través de nosotros.

Para terminar, vuelve a detenerte unos segundos en pie, tomando conciencia de la experiencia y de tu estado interior.

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