El estrés es un estado alterado del equilibrio emocional, de tensión psíquica, que puede afectar todos los niveles del ser (físico, afectivo, cognitivo y conductual) y en la mayoría de las veces, la tensión es generada por nuestras actitudes mentales.

El término estrés fue utilizado por primera vez en 1936 para indicar las dificultades de adaptación de un organismo ante estímulos que interrumpen su ritmo biológico.

Darwin y Paulov comprendieron que el objetivo de las emociones era generar un movimiento físico. La respuesta hace referencia a una acción: la forma en la que nos vemos físicamente inclinados a proceder después de recibir cierto estimulo en particular (lucha, huida…) viene condicionada porque se segregan hormonas a nivel inconsciente que inician conductas automáticas.

Sabiendo que la gran mayoría de los problemas que pueden generar estrés y ansiedad realmente se forman en la mente, comprendemos que entrenando la práctica y aprendiendo la técnica mindfulness que combina la meditación con ejercicios de relajación, podemos sincronizar nuestra mente-cuerpo para que se centre en el aquí y ahora.

Lo cierto es que para vivir con salud mental necesitamos una mente en forma y coherente, la integración neuronal del sistema nervioso y establecer relaciones empáticas. Dirigir la atención al cuerpo con plena conciencia aquí y ahora de la experiencia sensorial, con ACEPTACIÓN, AMABILIDAD y SIN CRITICA, asegura que la mente pueda desplazarse del caos y la rigidez.

Por tanto, si la vida consiste fundamentalmente en encontrar nuestra forma de orientarnos en el mundo, los expertos han demostrado que las reacciones emocionales no son una una elección consciente. Las estructuras cerebrales límbicas como por ejemplo la amígdala identifican los estímulos sensoriales entrantes y los interpretan según experiencias anteriores las cuales determinan nuestra disposición a acercarnos o alejarnos. De nosotros depende librarnos de automatismos y apostar por modelos más adaptativos.

Deja un comentario