El Mindfulness utiliza ejercicios de conciencia provenientes de un arte marcial japonés llamado Aikido que también se conoce como “el arte de resolución de conflictos”. Las artes marciales utilizan la energía del contrincante a favor de uno mismo: no ignorar o repeler un conflicto, sino utilizar la energía que en él se despliega para resolverlo.

El Aikido, conocido como el Arte de la Paz, es un arte marcial que deriva de las tradiciones samuráis. Dentro del espíritu de esta disciplina existe la idea de responder a los retos y a la confrontación de forma no violenta, buscando la armonía en una situación de conflicto sin renunciar a los propios derechos, ni la derrota de la otra persona.

Ante un ataque o un conflicto de intereses experimentamos emociones (ira, agresividad, miedo, frustración, sensación de injusticia…) que nos impiden gestionar la situación con una mentalidad y actitud constructiva. Podemos sentir la necesidad de defendernos con un contraataque, paralizarnos, o incluso huir. Se considera que el contraataque, el bloqueo o la huida son soluciones que harán que el conflicto perdure en el tiempo.

Para el Aikido el único final válido para acabar con un conflicto viene cuando el oponente deja de actuar de forma agresiva y comienza a pensar de forma cooperativa.

El «Aikido verbal» consta de cuatro fases y se basa en aprovechar adecuadamente la energía del otro para el movimiento.

Alinearse: Aceptar la interacción conflictiva en lugar de evitarla. Darnos cuenta de cómo se siente el otro, ponernos en su lugar empáticamente. Podemos pedir que nos explique para poder   entender y alinearnos mejor: “Me gustaría entender mejor tu punto de vista; cuéntame, en tu opinión, qué es lo que está pasando…”

Coincidir: Descubrir algún punto de coincidencia o acuerdo y comenzar a moverse en esa dirección. Con escucha atenta, sin fingir… “A mí también me preocupa la situación, yo me sentiría mal si me trataran así…”, “no había pensado en eso que dices…”

Reorientar: Aquí la interacción comienza a moverse en una dirección positiva. Ya no juegan en equipos diferentes, sino en el mismo: “¿Qué crees que podríamos hacer para resolver esto,       cómo podríamos mejorar la situación…?”

Resolver: Comenzamos a explorar la dirección de posibles soluciones o de acuerdo. También encontrar soluciones provisionales.

Finalmente, lo que se da es una gestión inteligente del conflicto sin gastar energías en lo que no lo merece y gastando solo las necesarias en lo que sí.

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