El silencio, sin adjetivos, escribe Benedetti:

Qué espléndida laguna es el silencio

Allá en la orilla una campana espera

Pero nadie se atreve a hundir un remo

En el espejo de las aguas quietas

 

La neurociencia ha confirmado que es la atención (palabra que deriva de la expresión latina attendere que significa “tender hacia) la que proporciona el mecanismo necesario que subyace a nuestra autoconsciencia del mundo y a la regulación voluntaria de nuestros pensamientos y sentimientos… Como te propongo en mi método:

Si de forma consciente (intención) aportas conciencia (atención) y aceptación (actitud) a la experiencia del momento presente, dispondrás de un abanico mayor y más adaptativo de mecanismos de afrontamiento

El silencio atento despierta nuestra autoconsciencia y acalla la cháchara mental, habitualmente enganchada al pasado o temerosa del futuro.

Al silenciarnos, se da un estado de presencia que asienta el punto de gravedad psicológico. Desarrollándote por medio del entrenamiento mental: “Siento, sostengo, respiro y suelto” ganarás en PERSPECTIVA para poder ver más allá de los contornos de la gran foto, PACIENCIA para permitir que las cosas sucedan a su propio ritmo en su propio tiempo y POSITIVISMO al comprobar la experiencia con tus propios sentidos.

Si lo piensas, te estoy proponiendo algo contraintuitivo porque cuando hablamos de mecanismos de reactividad encontramos tres opciones básicas: luchar, huir o congelarnos. Sin embargo, el silencio consciente te permite “ir hacia” y cada vez que sostienes el tsunami en el zafu es como echar una moneda a la hucha. Esta cuarta opción nunca será intuitiva, por eso practicamos.

Deja un comentario