El siguiente post está inspirado por mi querida Laura Ferrándiz, hablando sobre la autocompasión Yin y la autocompasión Yan

Para Kristin Neff la autocompasión consiste en “ser amable y comprensivo con nosotros mismos en momentos de dolor o fracaso, en vez de ser autocríticos. Esto es, percibir nuestra experiencia como parte de la experiencia humana en vez de verla como aislante, y sostener los pensamientos y sentimientos negativos con conciencia plena en vez de sobre identificarnos con ellos”.

Neff menciona que hay tres componentes de la autocompasión: Amabilidad con una misma; humanidad compartida y mindfulness o conciencia plena del sufrimiento. Estos se manifiestan en el “yin” de la autocompasión como un estar presente conectada y amorosa. Qué gran noticia saber que podemos ir poco a poco reeducando nuestras voces internas y la forma en la que nos tratamos a nosotras mismas para ir soltando la dureza y la exigencia y sustituirlas por amor y amabilidad.

Y frente, o junto a esta se encuentra, para Neff, la autocompasión yang, la autocompasión fiera o radical, la que nos empodera y nos motiva a poner límites saludables. Este componente “yang” de la autocompasión nos permite afrontar proactivamente los retos y las olas de la vida… un conflicto laboral o familiar, un divorcio, una enfermedad, o cualquier otro gran reto que requiera de nuestra resiliencia.

Esta forma de autocompasión parece ser, según Neff, más difícil de practicar entre las mujeres ya que considera que en nuestra sociedad se ha educado a las mujeres a tolerar, a aguantar… De alguna u otra forma, se nos ha invitado a ser suaves y dulces por el hecho de ser “femeninas” y se nos ha impuesto un legado generacional de usos y costumbres que dificulta que salga de forma natural esa compasión, esa fiereza que no es bien vista pero tan necesaria en ocasiones para protegernos.

La invitación de K. Neff es a ir pendulando entre el cuidado y la amabilidad, y la firmeza y la fiereza. Todo dependerá de a lo que nos tengamos que enfrentar. Si nos dejan caminaremos desde el extremo que nos da fuerza y perspectiva hacia el punto medio.

 

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