La pandemia nos ha obligado a aumentar la distancia física y emocional y ha aumentado la desconfianza entre las personas, pero la socialización sigue teniendo efectos directos sobre la salud física y mental.

Todos tenemos una bondad básica que responde naturalmente a la bondad básica de los demás. Pero para que esta inclinación positiva salga a la luz, debemos saber comunicarnos. Cuando nos diferenciamos y hablamos desde nuestra neurosis creamos más división. Pero cuando permanecemos en un espacio de humanidad compartida, nuestro hablar puede tener un efecto sanador que nos conecta con personas y situaciones por más que sean difíciles de afrontar.

En incontables ocasiones callamos. Por miedo, por creer que de nada sirve decir las cosas, por evitar conflictos, etc. Las causas por las que guardamos silencio son muy variadas pero lo cierto es que la palabra posee la peculiaridad de liberar el alma. Se trata de hablar y decir las cosas que piensas u opinas con dulzura, sin juzgar, sin señalar, sin chantajear. Es hablar sin esperar que tus palabras lleven a la acción de algo que esperas. Esta es la verdadera comunicación empática y no violenta que nos mantiene conectados con nosotros mismos para luego conectar con los demás, permitiendo así que aflore nuestra compasión natural.

Con este enfoque, relacionado con habilidades verbales y no verbales, lo que se pretende es manejar y controlar los impulsos que puedan aparecer en una conversación sensible o de alto riesgo. Tiene un gran poder transformador ya que es tiende un puente que conecta tu bondad interior hacia los demás desde una actitud honesta y auténtica.

Y porque no hay nada más común y cotidiano en una relación humana que las diferencias de opinión ¿de verdad vas a derrochar tanta energía en discutir? Cada uno de nosotros somos únicos, irrepetibles y sobre todo responsables de elegir nuestra forma de pensar y actuar. Aprende a meditar y entrena una nueva forma de estar en el mundo a través de tener una actitud ante las circunstancias que te lleve a hacerte responsable de tus propios procesos internos.

En su libro «La tercera alternativa» Stephen R. Covey plantea una pregunta que nos permitirá trascender la zona en la que se estanca el conflicto: ¿Estás dispuesto a buscar una mejor solución que la que hemos encontrado cada uno por separado?

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