Dos minutos.

Por un momento líbrate de automatismos, inercia…llamadas y tareas que te tienen tan absorta y céntrate en tus sentidos. Puedes meditar un par de minutos simplemente prestando atención al ritmo natural de tu respiración, sin intervenir en ella.

Hacerlo, te permitirá desconectar y recuperar energía en tan sólo dos minutos enfocando tu mente en el instante presente sin que divague por el pensamiento entre el futuro o los recuerdos del pasado. Dedícate este breve descanso en varios momentos del día durante varios días y en poco tiempo conseguirás adquirir el hábito para “desconectar” de tu entorno y “reconectar” contigo.

Te invito a parar un momento en silencio y dejar todo lo que estés haciendo en este instante. Encuentra un rincón tranquilo si es posible, siéntate en tu postura fácil y alarga tu columna, sin llegar a sentir tensión; que te sientas cómoda es muy importante para llegar a un estado de calma. Enraíza tus pies en el suelo, relaja los hombros y sepáralos de las orejas. Busca la simetría de tu cuerpo: cabeza sobre corazón, corazón sobre pelvis. Cierra los ojos o deja la mirada bajita y respira de manera natural.

Céntrate en la sensación que sea más predominante en ese momento: un sonido, un sabor que quizá perdure en la boca, el tacto de tu piel con la ropa o el contacto si es que estás sentada o tumbada, con la silla o el suelo. Y si en algún momento te das cuenta de que ha aparecido algún pensamiento, con amabilidad vuelve a centrar tu atención en el aire que entra y sale por tus fosas nasales y continua respirando libremente.

Si prefieres mantener los ojos abiertos o tu respiración no está disponible para ti hoy, como ancla, no es necesario que mires fijamente a una vela, basta con que te centres en cualquier objeto que tengas a mano: una taza, la luz que entre por tu ventana… Obsérvalo durante un par de minutos, con toda tu atención y plena presencia. Desarrollarás tu capacidad de estar aquí y ahora en el momento presente.

Con el entrenamiento podrás activar tu estado de “alerta-relajada” en cuestión de segundos”, y es, además, una forma de introducirse en la meditación formal para los que buscan un cambio más profundo. Lo ideal es aumentar la práctica de estos ejercicios de manera progresiva hasta llegar a los 40 para comenzar a notar los beneficios en tu cuerpo y en tu mente.

 

 

 

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